7/11/15

Conciertos de música clásica: ver, oír y callar.




Es un privilegio  asistir a un concierto con artistas de la talla de Jean-Guihen Queyras, violonchelista y Rafael Payaré, como director de la Orquesta Sinfónica de Galicia.

El de ayer fue un magnífico concierto con obras de Sibelius, Elgar y Beethoven. 

Pero hoy me gustaría hablar de las normas que rigen en un concierto de música clásica, al hilo de lo observado en el concierto de ayer.



No se si sabéis que hay una corriente o movimiento, con el que no estoy de acuerdo en absoluto, que pide lo siguiente:

Que se acabe con la costumbre de no aplaudir entre movimientos. Llevar bebidas.

Afinar los instrumentos fuera de la escena.Utilizar tecnología de vanguardia.

Poder usar los móviles.  Dejar de vestir frac.  Programas menos predecibles.

Los artistas deberían ser más espontáneos. Hacer el concierto más apto para familias.

Incluir en el programa alguna pieza contemporánea.

Aplaudir entre movimientos es una interrupción. Para un músico, verse interrumpido cada dos por tres, tiene que resultar, como poco, agobiante. Para mi, como espectadora, es una molestia difícil de soportar.

 De hecho, fue Gustav Mahler quien introdujo el hábito de sentarse en silencio hasta el final de la pieza.

Afinar los instrumentos antes del concierto no creo que moleste a un público que habla mientras se acomoda, lo que hace que la orquesta casi no se perciba. El silencio se hace en cuanto el público nota que los músicos han dejado de afinar y entra el director.

Llevar bebidas, usar móviles y utilizar tecnología de vanguardia, me parece propio de otros conciertos. El silencio es lo más apreciado y necesario en un concierto de música clásica.

Que los músicos y directores quieran participar con el público, es cosa suya, no se puede imponer, a un concierto se va a escuchar música, lo demás forma parte de la anécdota.

Hacer un concierto más apto para familias,incluir piezas contemporáneas, no llevar frac, sinceramente, me parece una solemne majadería. Nadie está obligado a asistir a un concierto cuyo programa no le resulte interesante. Y hacer un concierto más apto para familias o si llevan o no  frac, me parece el colmo del absurdo.

Creo que sería bueno explicar unas cuantas cosas, pocas, que son de obligado cumplimiento en un concierto de música clásica:

La puntualidad  en casi ningún sitio te dejan entrar fuera de hora, en cuanto empieza el concierto se cierran las puertas. Lo civilizado es esperar a que termine la primera parte.

No se llevan niños pequeños a un concierto de clásica, el de ayer era poco más que un bebé, no creo que tuviera dos años. Como era previsible se puso a llorar. ¿Por qué les dejaron entrar?

Toses, cuchicheos, carraspeos y demás lindezas son muy molestas, evítense en lo posible.

En un concierto de música clásica lo único que se puede hacer es ver, oír y callar.

Y cuando el concierto termina es cuando puedes dar rienda suelta a tus emociones, es el momento de gritar, aplaudir, saltar o silbar. 





     

    
      















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