Esta novela engancha, y lo hace de tal manera que no he parado hasta acabarla, muy a mi pesar.
Es rabiosamente actual: políticos, clérigos, empresarios y banqueros, toda una fáuna, sin olvidar al juez de turno.
Este fragmento me parece muy interesante:
"Pero eran muchas las cosas que había perdido de vista, los cambios y las novedades de los que no me había dado ni cuenta.
Y no solo yo: toda la gente que encontraba cada día se hallaba en idéntica condición.
Ministros, diputados, profesores, artistas, financieros, industriales: lo que suele llamarse la clase dirigente.
¿Y qué dirigía, en realidad? Una telaraña en el vacío, la propia y frágil telaraña, aunque sus hilos fueran de oro".
